sábado, 7 de agosto de 2010

Articulos de la Revista Gran Caracas,


PEDRO MEDINA SILVA.

Sin esfuerzos para recordar, con una vivacidad inusual en un hombre con ochenta (80) años a cuestas, fluye la historia que, mas que para un reportaje, da material para un libro.
Junio 5 de 1924, en Valle de la Pascua, Estado Guárico, nace Pero Medina Silva. En octubre de 1940 se gradúa como maestro normalista, más por necesidad que por vocación – como él mismo lo afirma- pero esa formación humanista forjará indeleblemente al futuro hombre de mar que, aún en armas, siempre respetó y amó a sus semejantes.
Egresa de la Escuela Naval de Venezuela como Alférez de Navío, en el año 1945. Por varios lustros ejerció comandos, entre otros en los Destructores General Morán y el Almirante Brión; el primer Buque Escuela de la Armada Venezolana fue el Capana, que no era otra cosa que un buque de desembarco refaccionado y que al mando de Medina Silva fue recibido en el puerto de Nueva York, con el saludo de 21 cañonazos.
Las convicciones del Capitán Pedro Medina Silva son firmes y su antagonismo con el gobierno del Presidente Betancourt lo impulsan a la insurrección.
Una mañana, 2 de junio de 1962, el Capitán de Navío Manuel Ponte Rodríguez, el Capitán de Fragata Pedro Medina Silva y el Capitán de Corbeta Víctor Hugo Morales, acuden a su cita con la historia iniciando lo que la posteridad conocería como “El Porteñazo”. Ocho (8) días antes habían sido delatados, por lo que la represión no se hizo esperar. 74 horas de batalla frontal, incontables heridos, se necesitaron tres fosas comunes para los cadáveres que jamás se podrán cuantificar.
“Perucho” Medina Silva es sentenciado a 26 años y 6 meses por el cargo de rebelión militar y a 2 años y 6 meses por delito en presencia de subalternos, lo que hizo afirmar a “Perucho” que en el futuro solamente se sublevaría con Almirantes y Contralmirantes.
En el medio del Lago de Valencia se encontraba el penal donde había que cumplir condena.
La isla del Burro, 42º a la sombra y condiciones tan infrahumanas que obligarían a cuatro huelgas de hambre, como protesta por la pésima alimentación.
Dos años y medio más tarde se logra, gracias a complicidad interna, la fuga. El partido comunista envía como visita al penal, al gran primer actor Rafael Briseño, su tarea: maquillar a cuatro presos para lograr el escape. Gracias a este artilugio Gastón Carvallo Lope de Ceballos, Manuel Azuaje, Germán Lairet y Pedro Medina Silva, logran eludir la vigilancia.
Siguen años de lucha clandestina, en su carácter de Comandante General del FALN, “Perucho” organiza guerrillas urbanas en las montañas de Lara y Portuguesa. Hoy a muchos años de distancia y asumiendo su responsabilidad, el Comandante expresa que el idealismo que inspiró la lucha, no alcanzó ningún éxito tangible y naufragó en la esterilidad de errores tercamente cometidos, hasta terminar con el decreto de pacificación del Presidente Caldera, que permitió culminar una coyuntura histórica.
Sin embargo, por el rango que ostentaba “Perucho” es enviado a muchas misiones en el extranjero, en Argelia conoce al Che Guevara, al líder Ben Bella y al héroe de la guerra civil española el republicano Enrique Lister. En Shanghái es recibido con un desfile de 42 buques de guerra debidamente empavesados, en una ceremonia que abruma por no considerarse digno de tal deferencia, en conversaciones con Mao Tse Tung, recoge las impresiones del líder chino sobre la existencia en Venezuela de dos partidos políticos de orientación Marxistas-Leninista, considerando esta situación como indeseable y negativa.
En Vietnam son 100 niños portando flores los que le dan la bienvenida y al final de una larga conversación con Ho Chi Min, éste le abraza y besándolo en las mejillas afirma: ¡Vietnam, Venezuela, Venceremos!. Aún se percibe emoción al ser relatado el episodio por nuestro personaje. Como datos para la historia, nos comenta Medina Silva que durante la cruenta guerra de Vietnam, jamás se interrumpieron las clases en el sistema educativo del país y los vietnamitas, cuyo culto por la siesta es sagrado, acomodaron el horario de combate a fin de cumplir cabalmente con ese precepto. El periplo asiático incluye Corea del Norte, donde en Pyon Yang es Kim II Sun el anfitrión.
Esta vida, concisamente relatada en esta crónica, azarosa e intensamente vivida, continúa en nuestros días, gracias al cultivo sacro del concepto de amistad del cual hace gala el Capitán Pedro Medina Silva. La calidad humana que trasciende cualquier frontera y el afecto con el cual comparte en cualquier entorno, hacen de “Perucho” un personaje fuera de serie, el cual, con su actual esposa Rosa, digna compañera y solidaria cómplice, derrochan bonhomía y afecto con todos los que tenemos el privilegio de poder afirmar que somos sus amigos.

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